“Sigue y seguirá la desinformación” Ramón Reig, El Correo de Andalucía, 31 de octubre de 2021
La desinformación es una falta de respeto contra el receptor y una vulneración constitucional consistente en que un grupo de medios actúa contra otro según sean sus simpatías pro o antigubernamentales. Es hacer política, no periodismo, es por tanto faltar a los códigos deontológicos de la profesión y a cuando decimos que el periodismo busca la verdad por encima de todo. La verdad es muy subjetiva pero los hechos no, los hechos están ahí, lo que ocurre es que un lobby de medios proyecta unos y oculta otros y el de enfrente hace lo mismo pero al revés: proyecta otros y oculta unos. Por tanto, se extraen conclusiones sin contemplar todos los hechos.
He ahí la vergüenza periodística que recorre España y que se ha acentuado durante los últimos años como si estuviéramos en una guerra civil con fuego real y en lugar de periodismo se distribuyera propaganda. Como saben, Bismark afirmó que desde el punto de vista informativo la guerra ahoga la verdad. No es necesario dar a conocer eso tan amplísimo llamado la verdad a través de los medios de comunicación, basta con que se ofrezcan las noticias sin coletillas adoctrinadoras y con todos los datos existentes. Eso es algo que no se hace y no se hace con toda intención, con la finalidad de llevar el agua al molino de cada cual.
La desinformación en realidad no le importa a la gran masa de ciudadanos que va buscando que sus medios preferidos les digan que los malos siguen siendo los malos y los buenos, los buenos. Yo no escribo para esa masa sin remedio igual que doy clase para diez o doce alumnos de los 60 u 80 que pueda tener en la lista, la mayoría pasotas y absentistas niños de papá. No tengo la culpa de que hayan convertido a la universidad en un recolector de votos y que la estén llevando por el camino de la flojera y el escaso esfuerzo, por supuesto unos centros mucho más que otros.
A mí me interesan los ciudadanos demócratas conscientes que son los que se interesan de verdad por la marcha de la polis. A esos les diría que lleven a cabo lo que llamamos periodismo comparado, es decir, que analicen, por encima, sin detalles, lo que dicen unas y otras emisoras de radio, por ejemplo, y verán que RNE es un te sigo te sigo de la SER y la COPE va a remolque del PP o por delante como portavoces que son de poderes que se hallan por encima de la política. Expresan ideas sobre temas específicos de las relaciones gobierno-oposición en las que callan datos, no es que critique el derecho a interpretar y analizar -algo que se agradece- sino la omisión de datos que sirven para un análisis más riguroso de la realidad política. Eso es la desinformación y el adoctrinamiento. Comprobar tal hecho es formarse una mente crítica, indispensable para poder llegar a ser un ciudadano demócrata. Lo de la mente crítica es un sofisma: la expresión está presente en todas las leyes y planes de estudios, pero si la llevas a la práctica puede condenarte al ostracismo.
Cuando acaba la desinformación nacional -de la que por fortuna se salvan algunos medios, pocos- comienza la internacional. En el tema de Ucrania, oh, los medios de derechas y los del gobierno se besan en la boca: coincidencia esencial total. El presidente de Ucrania y sus autoridades son fuentes únicas de información con frecuencia. Es un asunto que se repite como sucedió con la guerra de los Balcanes y con las de Irak y Afganistán. No es la verdad de Europa, es la verdad de Estados Unidos porque Europa, por fortuna, es mucho más rica y compleja y contiene variantes diversas que no se observan debidamente reflejadas en los medios, sometidos a un discurso sustancial común. En al menos dos de mis libros dejé claro que los mensajes periodísticos se clasifican en coyunturales y estructurales. Los primeros son esos jaleillos políticos que en España se concretan en gobierno-oposición. Los segundos se encaminan a defender el orden occidental dictado no por la vieja y sabia Europa sino por el pardillo EEUU. Ahí nace la unanimidad, con lo coyuntural puede jugarse para que ustedes discutan y se entretengan.
¿Cómo combatir la desinformación? Con el esfuerzo, con codos. Quien desee aproximarse lo más posible a saber “lo que ocurre”, debe construir una especie de revista de prensa o de medios de diversas tendencias. No le garantizo que así se logre el fin de estar bien informados y formados porque todo ello requiere una cultura previa amplia. Pero sí se estará en el buen camino.
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